Imprimir
ENVIAR |

Estados Unidos: El derecho a torturar

7

PI10/05/11 El asesinato del terrorista Osama Bin Laden colocó otra vez en el centro de la actualidad internacional un tema que ejemplifica con gran fuerza el doble rasero de la política del gobierno de Estados Unidos en relación a los tan maltratados derechos humanos.

En medio de la euforia por la muerte del líder de Al Qaeda y con una fuerza digna de mejores causas reaparecieron en los medios de prensa, funcionarios y exfuncionarios de la administración norteamericana que defienden a capa y espada el uso de la tortura para obtener información de detenidos y secuestrados.

Muchos de ellos calificaron los hechos ocurridos en el violado territorio paquistaní como la victoria lograda gracias al derecho autoadjudicado por Washington para hacer trizas el cuerpo o la dignidad de un ser humano conducido a sus cárceles secretas.

Pasar revista brevemente a opiniones vertidas en los últimos días sobre ese tema muestra el verdadero sentir de Estados Unidos por los derechos humanos, en nombre de los cuales también está bombardeando diariamente a Libia.

Veamos algunas:

El ex vicepresidente Dick Cheney apoyó los métodos violentos de interrogatorio puestos en práctica desde el gobierno de George W. Bush y aún vigentes con los sospechosos de terrorismo.

En una entrevista con la cadena Fox News, Cheney aseguró que algunos de los primeros indicios, los cuales permitieron encontrar el paradero de Bin Laden, derivaron de las informaciones brindadas por sospechosos sometidos por la CIA a simulacros reiterados de ahogamiento o al llamado submarino.

Agregó que dichos métodos contribuyeron al resultado obtenido y al ser preguntado sobre si estaría dispuesto a volverlos a utilizar fue enfático: "Si, defendería se pongan en práctica".

El exembajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas John Bolton dijo estar convencido de que gracias a la autorización para interrogatorios "duros" en la cárcel de Guantánamo fue posible encontrar y matar a Bin Laden.

El jefe de la CIA , Leon Panetta, "reconoció que las informaciones obtenidas eran significativas. No eran las únicas porque la inteligencia es un mosaico", pero de los interrogatorios "duros" surgieron "elementos clave", declaró Bolton.

El congresista republicano neoyorquino, Peter King, según recoge el diario The Telegraph, fue claro al defender la tortura.

"Esta técnica es un imperativo moral que salva vidas y el camino que condujo hasta Bin Laden comenzó con los ahogamientos simulados" fueron sus palabras que podrían asombrar a cualquier ser racional.

La exsecretaria de Estado, Condoleezza Rice, y el exsubsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, también reivindicaron la mano dura usada con los sospechosos de Guantánamo.

El diario The New York Times en su análisis de esas revelaciones arrancadas a los detenidos, apuntó que jugaron un papel en la identificación del correo de confianza de Osama y en el descubrimiento del escondite.

Esas pistas fueron facilitadas por dos detenidos tras el 11-S: Jalid Shaij Mohammed y Mohammad al-Qahtani. Ambos fueron sometidos al ahogamiento simulado en el primer caso en un increíble total de 183 ocasiones.

Ello consiste en sumergir la cabeza del detenido, atado y boca abajo en líquido, hasta que comienza a asfixiarse- tal y como confirmó el propio expresidente Bush en una entrevista en 2010.

"Usamos esta técnica con tres personas y conseguimos información valiosa para proteger al país. Y esta es la forma correcta de hacer las cosas", declaró entonces.

Estos métodos incluyen ahogamientos simulados, privación de sueño, posiciones incómodas forzadas y provocaciones sexuales donde interrogadoras se despojan de la ropa ante el preso y otras muchas.

Al analizar esta exaltación oficial de la tortura y conocer las varias denuncias de la continuación de su aplicación en la ilegal cárcel enclavada en el territorio de Guantánamo ocupado contra el criterio de Cuba, surgen algunas interrogantes:

¿Tiene Estados Unidos moral para enjuiciar el nivel de respeto a los derechos humanos existente en otros países como pretende hacer?

¿Puede un país que legaliza estos métodos ser miembro del Consejo de Derechos Humanos y pretender trazar pautas dentro de esa instancia?

¿ Qué se hizo de la prohibición de la tortura proclamada por la actual administración junto a la decisión nunca ejecutada de cerrar la cárcel operada en la base naval de Guantánamo?

Son preguntas que la Casa Blanca debería responder precisamente en nombre de los derechos humanos.


Fuente: Prensa Latina


Imprimir


VOLVER


           

 
 
 
 
t="15"> t="15"> t="15"> t="15"> t="15"> t="15">