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El largo viaje a Abbottabad. Osama y al-Qaida

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PI05/05/11 Al-Qaida nació a fines de 1982 (y no en el 88 ó el 89, como se suele decir, porque en 1989 fue cuando efectivamente adquirió las características militantes por las que es famosa en nuestros días) en Kuwait, el lugar de nacimiento del padre de Osama bin Laden (su fundador), ostensiblemente como una organización caritativa para ayudar a musulmanes sufrientes en todo el mundo. Muy rápido, sin embargo, Osama se dio cuenta de que el camino para “ayudar” a musulmanes oprimidos era armarlos para que se rebelaran contra el (los) opresor(es).

Desde 1989 presenció la invasión soviética de Afganistán y Osama fue una fuente para canalizar armas a los combatientes afganos que luchaban por la libertad. Repentinamente, al-Qaida comenzó a recibir un financiamiento masivo de todo el mundo árabe. También penetró rápidamente el terreno del tráfico de armas.

Muchos estadounidenses han acusado a la CIA de haber entrenado a Osama. Mi punto de vista es que la acusación no es merecida. Sin embargo, cabe poca duda de que recibió aliento, apoyo, financiamiento, e incluso armas, para los combatientes por la libertad afgana y que fue colaborador de la CIA durante algunos años.

Osama también colaboró activamente suministrando una información crucial, obtenida de personal de al-Qaida en Kuwait durante la operación “Tormenta del Desierto”. Sin embargo, la presencia estadounidense continuada en Arabia Saudí después de la operación Tormenta del Desierto, sumada a la soberbia estadounidense que demostraba al ignorar las costumbres y sensibilidades locales, fueron el comienzo de su cambio. Comenzó a considerar ofensivos a los estadounidenses y el rey Abdalá comenzó a ser visto como un lacayo de EE.UU.
Ben Laden comenzó a gravitar hacia el pequeño grupo de disidentes que pensaba que un rey era anti-islámico y que buscaba un retorno a la antigua democracia islámica: el califato. Comenzó a ser cada vez más activo con el paso del tiempo y, cuando fue confrontado con el hecho, admitió libremente sus actividades. Debido a sus conexiones familiares, no fue encarcelado, pero su ciudadanía de Arabia Saudí fue revocada.

Durante su período en Sudán comenzó a concentrarse en EE.UU. como objeto de su enemistad. Aunque sus actividades contra EE.UU. son conocidas, es importante señalar que hubo un aumento considerable en las contribuciones a al-Qaida, incluidas contribuciones de miembros de la familia real de Saud.

También fue durante este período cuando Osama comenzó a desarrollar una estratégica “visión del mundo”. Veía a todos los gobiernos de países de mayoría musulmana como lacayos estadounidenses y se refería a ellos como kafir (infieles). Comenzó a pensar en sí mismo con un hombre con una misión; iba a llevar la revolución a todos los países musulmanes para devolverlos a un califato unido y, simultáneamente, poder de rodillas al gigante de todo el Mal: EE.UU.
Es importante subrayar que para que una visión estratégica semejante funcione, es esencial tener el control indiscutido sobre un territorio; preferiblemente un país. Una nación Estado gobernada bajo una ley islámica estricta y ‘verdadera’, que establezca un ejemplo para el resto, una infraestructura de comando, control y comunicación, donde puedan llegar los fondos, donde se pueda realizar el entrenamiento de guerreros y salgan e instiguen revoluciones en otros países de mayoría musulmana. Iba a ser el Che Guevara musulmán. Pero, ¿cómo?
Mientras consideraba la elección de país, el destino hizo su parte y, sin entrar en detalles irrelevantes para esta narrativa, llegó a Afganistán. Para él: la Tierra Prometida.

¿Cómo funcionaba al-Qaida?

En 1980, Osama se ofreció a unirse a la lucha afgana por la libertad, pero era una etapa en la cual la lucha afgana todavía era ‘pura’, no adulterada por combatientes no-afganos, excepto los pastunes de Pakistán. Las contribuciones de Osama con armas y apoyo financiero eran bienvenidas; él no. Pronto comenzó a darse cuenta de que su persona era demasiado valiosa como para ser desperdiciada. En algún momento, Abu Ayub al-Iraqi se unió a al-Qaida. Trabajaba tan en el fondo que pocos conocen su nombre y pocos conocen su contribución; pero fue él quien dio la forma práctica al papel de al-Qaida en la visión del mundo de Osama.

El funcionamiento de al-Qaida ha sido descrito como de “decisión centralizada y de ejecución descentralizada”. La veo como una multinacional que ha exportado inestabilidad a fin de crear califatos en países de mayoría musulmana mediante la ‘subcontratación’. Al-Qaida ha reclutado musulmanes de todas partes del mundo y envía pequeñas bandas de consejeros; estos podrían ser de tres a una docena o algo así. Mientras Osama retuvo el título de emir, el líder, y era asesorado por un consejo, llamado Shura, el verdadero poder ha estado en manos de la dirigencia de segundo nivel, responsable de la planificación y la distribución de tareas. El segundo nivel ha sido tradicionalmente árabe, en su mayoría egipcios, con una excepción conocida, el paquistaní Khalid Sheikh Muhammed, a quien se le acredita el ataque del 11-S, pero ¿cómo podría haberlo planificado solo?


El 11-S como ejemplo

Muchos periodistas han escrito sobre las complicaciones involucradas en la planificación de este ataque. Refresquemos un poco nuestra memoria. Diecinueve individuos de diversos países árabes ingresaron a EE.UU. en cuatro grupos diferentes. Ninguno de esos grupos sabía de los otros o de su papel, excepto el coordinador, quien también dirigía uno de los grupos, Muhammed Atta.
Para que los ataques crearan el impacto previsto, sin la reacción oportuna, era necesario secuestrar cuatro aviones que despegaran de aeropuertos diferentes. Los aviones seleccionados, tenían que despegar dentro de un intervalo total de tiempo que no excediera cuarenta y cinco minutos, desde el primero hasta el último, para impedir una reacción oportuna. Para que causaran la destrucción de las torres gemelas, del Pentágono y, tal vez, de la Casa Blanca, tenían que llevar una cierta carga mínima de carburante, de otra manera la explosión hubiera sido insuficiente.

Khalid, al que se le adscribe el ataque del 11-S, era un ingeniero mecánico con un máster de Carolina del Norte. Ciertamente podría haber ayudado a determinar los requerimientos de carga de carburante para los aviones que debían convertirse en bombas aéreas, pero la dirección de su vuelo, hasta dónde cada uno podía desviarse de su itinerario de vuelo y por cuánto tiempo, antes de despertar sospechas, el nivel de entrenamiento requerido para volar que bastaría para los secuestradores, el tipo de armas que pasarían por las máquinas de control de los aeropuertos, todo apunta a más de un ‘experto’; cada uno con el conocimiento requerido de la seguridad de aeropuertos, de planes de vuelo, itinerarios y pautas de vuelo, el tiempo que tardas en despertar sospechas, el tiempo que tomaría hacer despegar aviones para reaccionar ante la amenaza.

Había tantos factores que debían ser calculados para que este ataque tuviera éxito que es imposible que no haya sido planificado por un grupo de por lo menos tres individuos, tal vez más, cuyo campo de especialización pudiera crear el plan (casi) perfecto.

No es solo una probabilidad, sino una certeza, el que nunca se reunieron ni suministraron la información sabiendo para lo que era. Probablemente, se les pagó en efectivo para que suministraran toda clase de detalles de sus propias áreas de conocimiento. Y sí, con su ayuda, incluso Khalid Sheikh podría haber sido el cerebro del plan, aunque mi intuición me sigue diciendo que el cerebro tenía que ser un especialista y una mercancía adquirible. Pero Khalid reivindica la responsabilidad total y, por ello, nunca sabremos la verdad.

¡Pero no es un ejemplo de subcontratación! Para eso, tenemos que viajar a Afganistán y Pakistán. También se puede tomar ejemplos de otros países de mayoría musulmana, pero yo me limitaré al área que conozco.

Afganistán

En 1996, cuando Osama aterrizó en Afganistán, los talibanes estaban en bancarrota y también necesitaban armas. A inicios de los años noventa, Eric Margolis informó que un kilo de pasta base le producía 1.000 dólares al agricultor afgano. En Karachi valía 50.000 dólares, en Nueva York, 250.000 dólares y era cortada y vuelta a cortar para ser vendida en Nueva York a un valor en la calle entre 3 y 5 millones. Al-Qaida ya estaba en el tráfico de armas y no fue ningún problema entrar en el narcotráfico. Pakistán era, entonces, un firme apoyo y la CIA también estaba dispuesta a hacer la vista gorda, EE.UU. todavía tenía esperanzas en los talibanes y la empresa UNOCAL, con George H. W. Bush en su consejo, todavía estaba invirtiendo en los talibanes en la esperanza de obtener petróleo de Asia Central.

Por lo tanto, Osama ofreció a los talibanes un 50% de los beneficios del contrabando de drogas y armas, casi a precio de coste. Mullah Omar no podía mirarle el diente a un caballo regalado como éste. A cambio, Osama obtuvo el país que ansiaba, una base indisputable para las operaciones de al-Qaida, y un país donde se practicaría un Islam estricto en cuerpo y alma, como ejemplo brillante para los países de mayoría musulmana.

El 11-S lo cambió todo. Repentinamente, Pakistán se convirtió en un apoyo de EE.UU., una invasión estadounidense era inminente y, cuando tuvo lugar, los talibanes, Osama, y al-Qaida se dieron a la fuga.

Podría ser de interés que se llamara la atención del lector a algunos hechos menos conocidos. Después del 11-S, EE.UU. exigió que los talibanes entregaran a Osama; según las informaciones, los talibanes se negaron, porque cuando pidieron a EE.UU. que suministrara una prueba concreta de la culpabilidad de Osama, EE.UU. se negó. EE.UU. se negó, porque no había ninguna prueba concreta de su culpabilidad. No podría y no puede haberla. Aunque Osama, en un vídeo transmitido por la televisión Al-Jazeera, aceptó la responsabilidad de ese ataque, eso fue después, además el vídeo nunca fue autentificado, de modo que nadie está seguro de su culpabilidad.

Semejantes operaciones son ordenadas a través de numerosos puntos de separación y conductos y si alguno de los secuestradores hubiera sido capturado vivo, ciertamente no podría haber ido más allá de la cortina de Khalid Sheikh y Khalid nunca ha apuntado con el dedo a Osama. Reivindica toda la responsabilidad. La mayor parte de lo que saben el FBI y la CIA sobre el funcionamiento de al-Qaida ha llegado por cortesía de Yamal Al Fadl, un sudanés que desertó de al-Qaida después de desfalcar 110.000 dólares, lo que confesó ante un tribunal en EE.UU. El lector juzgará cuánto crédito se puede otorgar a su testimonio.

Hubo partes selectivas del testimonio de al-Fadl que considero falsas, hechas para ayudar a apoyar el cuadro de que ayudó a los estadounidenses. Pienso que mintió en varios testimonios específicos sobre una imagen unificada de lo que era esa organización. Convirtió a al-Qaida en la nueva mafia o los nuevos comunistas. Los hizo identificables como grupo, y por ello facilitó que se procesara a cualquier persona asociada con al-Qaida por cualesquiera actos o declaraciones de bin Laden. [26]

Lo que prácticamente no se ha dicho es qu,e por sugerencia de un funcionario paquistaní, los talibanes aceptaron entregar a Osama a Arabia Saudí, pero el Rey se negó a aceptarlo. Los talibanes incluso podrían haber aceptado su entrega al Tribunal Penal Internacional, pero cuando el disparatado presidente ‘de tiempos de guerra’ de EE.UU., Bush, fue informado de la opción, simplemente ordenó el ataque.

Durante los primeros años, Musharaf siguió jugando los dos bandas, hasta que con la fuerte presión de EE.UU. tuvo que ceder algo. Periódicamente, hacía una pequeña concesión a EE.UU. para que lo dejaran tranquilo por un tiempo. Una concesión a EE.UU. fue el asesinato de Nek Muhammed en 2004, miembro de la tribu Wazir, veterano de la guerra contra la URSS, quien cobró importancia como líder de los miembros de su tribu entre los Combatientes Afganos por la Libertad, que volvieron a combatir para recuperar su país de otro ejército de ocupación, su aliado de otrora: EE.UU. (Los lectores interesados en lo que sucedió en Pakistán pueden leer [en inglés] “Understanding the insurgency in FATA” bajo ‘selected articles’ en www.shaukatqadir.info

Resultó ser desastroso e instigó la revuelta en nuestras áreas tribales. Sin embargo, no fue hasta que Musharaf, asediado por otra crisis judicial creada por él mismo al llamar a consultas al presidente de la corte suprema, lo que fue unánimemente rechazada por el Tribunal Supremo, creó otra crisis para distraer la atención de la comunidad internacional: el episodio de la ‘Lal Masjid’ (Mezquita Roja) en Islamabad en 2007, cuando Osama anunció que: “El enemigo número uno de al-Qaida ya no es EE.UU.; ahora es Pakistán”.

Por aquel entonces, los Combatientes Afganos por la Libertad habían adoptado el título de talibanes. Olvidando la opresión que habían sufrido en los últimos años de los talibanes, estos se convirtieron en el símbolo del David musulmán contra el Goliat estadounidense; sin embargo, los talibanes se habían dividido en numerosas facciones; todas relativamente vinculadas a al-Qaida, pero no totalmente supeditadas a la así llamada organización ‘madre’.
En consecuencia, sin entrar en detalles sobre las causas, solo dos facciones paquistaníes de los talibanes (la de Maulana Fazlullah en Swat y la de Baitullah Mehsud en Waziristán del Sur) respondieron al llamado de Osama, pero ninguno de los talibanes afganos.

Ya que Swat no tiene fronteras con Afganistán, Waziristán del Sur se convirtió en la base para las operaciones de al-Qaida contra Pakistán; aunque Fazlullah también recibió considerable apoyo ya que, si el área bajo al-Qaida se extendendía a las fronteras de Swat, estarían virtualmente a tiro de piedra de Islamabad.
¡Y aquí comienza el ejemplo de ‘subcontratación’!
Anticipando que no podría mantener la dependencia de los talibanes afganos después de ver cómo sus hermanos afganos se volvían contra ellos por obedecer las intimaciones islámicas de Osama, éste buscó un lugar en Pakistán antes de asumir el control; el único país musulmán con capacidad nuclear en el regazo de Osama, ¡qué premio al que aspirar!

Con mucho cuidado, bajo la hábil orientación de Ayman Al Zwahiri, (es muy probable que Ayub al-Iraqi siga siendo el cerebro estratégico de la organización y que Zwahiri haya asumido el control operativo), los roles fueron divididos entre las dos facciones paquistaníes. A Fazlullah, más cercana a Islamabad, le correspondió la tarea de la guerra de guerrillas. Con este objetivo, un equipo de diez, bajo un jordano conocido solo como Yabber, fue enviado a Swat, y más de 1.000 veteranos tayikos y uzbecos le siguieron como refuerzos.

Baitullah formó el campo de base. Fue el cuartel central de operaciones, el centro de comando, comunicación y control, el refugio a través del cual fluía el dinero, las armas y los explosivos, y el área de entrenamiento para cometer atentados terroristas. Voluntarios, usualmente jóvenes estudiantes de las madrasas (escuelas islámicas) fueron adoctrinados y llevados allí para ser entrenados, muchos de ellos desde el lejano Punjab del Sur. A Baitullah fueron enviados veinte consejeros, el nombre del líder sigue siendo un misterio, aunque es descrito como un árabe alto y educado, con una personalidad impresionante.

Pronto se descubrió que la representación de al-Qaida en la región de Baitullah era excesiva. Baitullah era un líder astuto, pero contaba con la hábil ayuda de tres secuaces muy capaces: Qari Raees, Hakeemullah (quien después lo sucedió), y Waheed. Muy pronto, los tres se ocuparon de sus respectivas responsabilidades en los diferentes campos de entrenamiento, ya fuera con la administración, el adoctrinamiento y el reclutamiento. El dirigente de los consejeros de al-Qaida partió después de unos seis meses y dejó detrás de sí a tres representantes para dar consejos en las cuestiones complicadas.

Baitullah era un individuo astuto, de quien dicen que siempre se aseguraba contra todos los riesgos. Entre los mehsud, los hombres de su tribu, tenía la reputación de ser agente de la CIA. Presentan los siguientes hechos como pruebas: a) tenía mucho más dinero disponible en dólares que cualquier otro, pero esto no es concluyente; b) que tenía equipo muy sofisticado de comunicación – un signo de interrogación; c) que durante muchos meses los drones (vehículos aéreos no tripulados) de EE.UU. atacaron solo a esos militantes mehsud que operaban contra EE.UU. en Afganistán y se oponían a la decisión de Baitullah de atacar Pakistán; y que los atacados por los drones habían sido visitados invariablemente por Baitullah en una misión de paz (esos estúpidos hombres tribales no son tan estúpidos, incluso ellos saben de dispositivos de búsqueda). Finalmente, la inteligencia pakistaní, el ISI, le había suministrado en numerosas ocasiones información exacta sobre Baitullah a la CIA solicitando un ataque, que nunca tuvo lugar. Hasta que finalmente dejó de ser útil y fue eliminado, junto con su esposa, por un drone.

Cuando el ejército paquistaní recobró Swat de las manos de Fazlullah, incautó algunos diarios de varios dirigentes talibanes; entre ellos había un diario de Muslim Khan, portavoz de Fazlullah, dirigente de los talibanes en Swat. Logré tener en mis manos algunos de ellos, incluido un diario de alguien que se autodenominaba “Khalid bin al Walid” – un evidente pseudónimo. Mientras la mayoría de los diarios generalmente relataban los eventos del día, una porción de cada diario estaba dedicada a un manual de entrenamiento. Y eso es lo que los hacía tan interesantes. Los diarios contienen instrucciones detalladas sobre cómo realizar la guerra de guerrilla urbana y rural. Incluían instrucciones sobre la realización de una emboscada, cómo eludir una si era posible y cómo combatir en una. Enumeraban combatientes bajo estructuras inconexas de comando para ciertas operaciones. Los diarios incluían análisis de éxitos y fracasos de operaciones, con notas sobre las bajas sufridas e infligidas. Registran por qué un comandante ha sido cambiado, ocasionalmente por su ineficiencia, pero con más frecuencia para encontrar el individuo más adecuado para cada tarea.

Detalles de cada operación y las instrucciones sobre cómo reorganizarse después de éxitos o fracasos proveen una visión fascinante de su entrenamiento y entendimiento de operaciones de guerrilla. Aparecen vistazos ocasionales de enseñanzas de Sun Tzu y de Che Guevara. Pero a lo que más se parecen los diarios es a los “manuales de entrenamiento” capturados a los rebeldes Contras que Nicaragua llevó ante la Corte Internacional de Justicia para presentar su caso contra EE.UU.

Aunque eran fascinantes, los diarios podrían no ser motivo de sorpresa; excepto para preguntarse cómo recibieron un entrenamiento tan detallado. Las instrucciones restantes contenidas en los diarios de los dirigentes, así como de “soldados”, son ciertamente causa de preocupación. Esas instrucciones son exquisitas en su detalle sobre cómo fabricar artefactos explosivos; muchos con los componentes más inocuos, como azúcar, aceite de cocina, aluminio, vaselina, café, carbón, sal e incluso semillas de neguilla. En cada caso, se incluyen otros componentes explosivos y, en cada caso, todos los componentes son detallados en miligramos – frecuentemente con diagramas. También se incluyen las instrucciones sobre el uso de TNT, RDX y plástico, con una proporción de cada componente.

Las instrucciones también detallan cómo se pueden activar artefactos explosivos improvisados (IED); los métodos varían desde fusibles convencionales a otros improvisados de soga bañada en combustible, a las que son hechas de una pulsera de reloj retorcida a mano, un reloj despertador e incluso un teléfono celular. Las instrucciones también indican qué artefactos pueden ser utilizados para qué tipo de IED. Incluyen cómo las cargas pueden ser conformadas para maximizar el efecto en una dirección dada e incluso instrucciones sobre precauciones biológicas si hay una exposición prolongada a ciertos productos químicos – cuándo beber un vaso de leche o un litro de yogurt. Sobra decir que las instrucciones también incluyen detalles sobre la sensibilidad de cada tipo de IED, qué podría activarlos prematuramente y su duración. Todo lo necesario es cubierto en el más minucioso detalle imaginable, muchos desconocidos para mí hasta que leí los diarios.

Aunque toda esta información existe en Internet, requiere un especialista para entenderla y sintetizarla. A menudo, los diarios necesitan conocimientos de química, física y biología, y una combinación de esos conocimientos podría ser desarrollada para propósitos específicos: enviar gente para que opere detrás de las líneas enemigas y que se las arregle con lo que encuentre. Semejante información también ser reunida por un científico pagado por una organización como al-Qaida. Pero incluso un científico tendría que ser orientado en la dirección correcta para reunir la información relevante sobre física y biología. Esa información tenía que provenir de una agencia de inteligencia.

Material similar fue recuperado en Waziristán del Sur, aunque en mucho menor cantidad, ya que los mehsud lograron escapar a través de la Línea Durand en cantidades muy superiores. Todos los talibanes capturados en ambas áreas cuentan la misma historia: “Los trajeron por un puñado de personas de Afganistán (consejeros de al-Qaida), que los fotocopiaron y los distribuyeron entre nosotros. Nuestro día comenzaba con una recitación del Sagrado Corán y era seguida por una sesión de dos horas de entrenamiento en combate y armas. El resto del día estudiábamos estos libros (manuales de entrenamiento) y también los practicábamos”.

Estoy seguro de que la CIA es culpable de muchos actos dudosos y, a menudo, la he acusado de actos semejantes. Sin embargo, es mi opinión razonada que por ninguna circunstancia la CIA entregaría semejantes documentos a una organización terrorista. Sin embargo, hay numerosos ex miembros del personal de operaciones clandestinos de la CIA desempleados que podrían estar a la venta. También hay ex agentes de operaciones clandestinas de la CIA empleados por Agencias Privadas de Seguridad como Xe. Y Xe está a la venta al mejor postor. ¡Elegid lo que queráis!

¿Cuán relevante es al-Qaida actualmente y cuánto lo será en el futuro?

Parece, sin embargo, que los eventos en los países árabes nos han sobrepasado. El fuego se propaga y, aunque puede ser sofocado por la fuerza, sólo lograrán un respiro. Parece que los pueblos árabes quieren su libertad y su propia forma de gobierno representativo; lo que podría no ser la democracia anglosajona sino otra que se adapte a su psique.

Con la aparición de esta tormenta, parece haber creciente preocupación en occidente y sobre todo en EE.UU. de que esto engendre extremismo islámico. Después de años acusando a Pakistán de albergar a al-Qaida (hace solo unos meses, la señora Clinton hizo otra acusación incriminatoria mientras estaba en Islamabad), ¡ahora nos dicen que se fuertes en Yemen, Bahréin, e Iraq! Solo respecto a Iraq, hay que señalar que aunque Sadam era un déspota suní, nunca se cuestión el que al-Qaida se hubiera establecido durante su régimen. Ahora sí está, sin duda, pero solo después de la invasión de EE.UU.

Se oyen muchos otros temores en relación con la tormenta que amenaza en las naciones árabes: podría alimentar una guerra sectaria; podría generar extremismo islámico, y sobre todo, ¿de dónde recibiríamos nuestro petróleo?

Todas estas aprehensiones contienen algunos granos de posibilidad. Es muy posible que islamistas se hagan cargo. Es también posible que Irán, observando todo esto con ojos hambrientos, pueda aprovechar una oportunidad que podría provocar violencia sectaria en toda la turbulenta región árabe. Y cualquier turbulencia afectará el flujo del petróleo, aunque no por mucho tiempo. El petróleo es su única fuente de ingresos.

No obstante, a mi juicio, si hay un verdadero temor de una toma del poder por los islamistas, se limita a Arabia Saudí; por eso el rey Abdullah ordenó una intervención inmediata en Bahréin y ruega a Jordania para que rechace las demandas de reforma por un reino democrático. ¡Arabia Saudí todavía tiene hordas de Osamas a la espera!

En este escenario emergente, ¿cuán relevante es al-Qaida? Después de todo, su razón de ser se basaba en dos premisas: que los actuales gobiernos en todos los países musulmanes, comenzando por los árabes, son no islámicos y opresores, y que son pro EE.UU. Las revoluciones que se extienden por Arabia y África se basan en las mismas razones y, sea cual sea la forma de gobierno que emerja en cada país (islámica o alguna forma de democracia representativa), es seguro que no le abrirá las puertas a al-Qaida.

Nuestros talibanes en Pakistán todavía nos harán transpirar durante algunos años más y, si (más bien cuando) la reforma termine por propagarse por la región, también habrá una revolución reformadora en Pakistán.
Me parecía, incluso antes de la eliminación de Osama, que al-Qaida ha estado agonizando, debido a fuerzas fuera de su control. Razón de más, por lo tanto, para que EE.UU. haga sus valijas y se vaya de Afganistán. Su aprehensión básica de que un retorno de los talibanes a Afganistán pueda anunciar el retorno de al-Qaida parece haber desaparecido. Otros fantasmas y espectros ahora amenazan en el horizonte estadounidense. ¡Llegó la hora de perseguirlos!

………….
Shaukat Qadir es brigadier en retiro y ex presidente del Instituto de Investigación Política de Islamabad. Para contactos: shaukatq@gmail.com

Fuente: Counterpunch.org / Rebelòn.org


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