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EE.UU. : En Texas declararon inocente al terrorista Posada Carriles

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PI16/04/11 Luis Posada Carriles ha sido agente de la CIA. De origen cubano y furibundo anticastrista, fue responsable de la voladura de un avión de la aerolínea Cubana que dejó 73 víctimas. En EE.UU. hubo farsa de juicio por delitos menores.

Este cronista fue invitado en junio de 2005 al Tribunal Internacional contra el Terrorismo y por la Justicia, realizado en La Habana. El tema central, con varios paneles e invitados internacionales, era analizar la detención en Estados Unidos del terrorista Posada Carriles, ocurrida poco antes. El espía había sido detenido en ese país acusado de violar las leyes migratorias, repitiendo la historia de Al Capone, que fue preso por evadir impuestos y no por sus crímenes y asuntos mafiosos. Fidel Castro estuvo en el estrado en buena parte de la conferencia.

El mayor acto de terrorismo contra un avión civil hasta ese momento lo había cometido ese agente de la CIA, junto a otro hombre de esa agencia, Orlando Bosch. Los dos ejecutores pagos por esa dupla fueron Freddy Lugo y Hernán Ricardo Losano, que colocaron la bomba en el trayecto entre Puerto España y el aeropuerto de Barbados, donde se bajaron.
El explosivo, C4, estalló el miércoles 6 de octubre de 1976 luego que el vuelo CU-455 decolara, por lo que se incendió y precipitó al mar. No hubo sobrevivientes: todos los pasajeros y tripulantes murieron.

Cuba perdió a su equipo juvenil de esgrima que venía de ganar el campeonato centroamericano y caribeño finalizado en Caracas. También murieron seis jóvenes de Guyana, becados para estudiar medicina en la isla. Una delegación cultural de la República Democrática Popular de Corea estuvo entre las víctimas. Y así hasta completar la nómina de 73.

Blanco de la CIA.

No viajaba allí ningún dirigente cubano ni militar de rango, con lo que los asesinos pudieran querer justificar lo injustificable. Era un vuelo civil pero siendo cubano el avión era un blanco válido para el cuarteto criminal.

En años posteriores hubo atentados que causaron más fallecidos, caso del avión que cayó sobre Lockerbie, Escocia. Pero la tragedia de Barbados llevó el triste récord durante años. Y uno de los autores fue Posada Carriles, que ya en 1960 andaba poniendo bombas en Cuba contra instalaciones del nuevo gobierno y se había alzado con grupos contrarrevolucionarios en la sierra del Escambray.

De ese Encuentro Internacional de 2005 participó el entonces vicepresidente venezolano, José Vicente Rangel, que era parte interesada en el asunto. Es que Posada Carriles vivía en Caracas al momento de planificar el atentado contra el avión. Allí fue funcionario de inteligencia de la policía política (Disip), siendo acusado de torturar militantes populares presos. Tras el bombazo de Barbados fue encarcelado en Venezuela, fugándose en 1985 de la prisión de San Carlos, con ayuda de sus jefes de la inteligencia norteamericana. Fue así, al punto que pasó a colaborar con EE.UU. en las bases militares de Honduras y El Salvador, para la guerra sucia contra el sandinismo y el FMLN.

Por eso el vicepresidente Rangel estuvo en el Encuentro de La Habana. El 15 de junio de ese 2005, Venezuela solicitó a Washington la extradición del detenido para juzgarlo por lo del avión.

Amigos son los amigos

En ese Encuentro en el Palacio de las Convenciones se distribuyó muchísimo material probatorio contra Posada Carriles. Se documentaba que había entrado ilegalmente a EE.UU. en el yate "Santrina", navegando desde la Isla de Mujeres en México hasta el río de Miami. Varios anticastristas de la Federación Nacional Cubano-Americana, entre ellos Santiago Alvarez, propietario de la embarcación, lo habían ayudado a violar la ley norteamericana e ingresar clandestino.

Tal colaboración comprobaba que, a pesar de los años, seguían intactos los vínculos entre esa entidad anticubana presidida por Jorge Mas Canosa y el terrorista. En 1997 Cuba sufrió una ola de atentados con explosivos contra sus hoteles, tratando de segarle esa fuente de ingresos. En el Copacabana la explosión mató al turista italiano Fabio Di Celmo,

La seguridad cubana detuvo a dos salvadoreños, responsables de esos atentados, los juzgó y condenó. Ambos confesaron que el dinero y los explosivos se los había proporcionado Posada Carriles, quien en un reportaje admitió haber recibido 200.000 dólares de Mas Canosa para financiar la lucha "contra el comunismo de los Castro".

La cocina interna.

El desparpajo del ex agente de la CIA no tiene límites. "Pusimos la bomba, y qué", se titula el libro de la periodista venezolana Alicia Herrera, que visitaba a Lugo y Bosch en la cárcel de San Carlos, Venezuela, antes de la fuga. Asqueada por esas revelaciones, Herrera publicó ese libro excelente que va por la cuarta edición, con numerosa documentación sobre la "cocina interna" del atentado de Barbados. El ejemplar, con prólogo de Rangel, fue distribuido en el citado Encuentro Internacional contra el Terrorismo.

Orlando Bosch tuvo un poco más de suerte que su socio del terror. Tras la voladura del avión, fue indultado por George Bush padre al finalizar su presidencia. No fue casual: ese Bush había sido jefe de la CIA al momento del atentado.

Posada Carriles, en cambio, continuó colocando bombas o indicando dónde ponerlas. En noviembre de 2000 fue detenido en Panamá: intentaba atentar en el Paraninfo de la Universidad cuando Fidel Castro diera una conferencia con mucho público. Fue durante la X Cumbre Iberoamericana y el atentado fue prevenido gracias a la seguridad cubana, de lo contrario habrían muerto muchísimos estudiantes y profesores.

La presidente Mireya Moscoso indultó a Posada y a otros tres mercenarios, obedeciendo órdenes del Norte. El premiado decidió entonces zarpar en el "Santrina" y entrar por su cuenta en EE.UU. Al fin de cuentas es mi país, habrá pensado. Y no le faltaban razones.

Fin de farsa.

En 2005 la extradición formulada por Venezuela no prosperó. A Cuba nunca lo iban a enviar los jueces norteamericanos, pero por las dudas invocaron que allí existe la pena de muerte. Abrieron una solicitud internacional para ver si algún país recibiría a Posada Carriles en caso que se lo expulsara. Tal licitación resultó desierta. En consecuencia, luego de un tiempo, el reo quedó libre para alegría de sus amigos de la mafia de Miami.

Los familiares de los 73 muertos en el avión, en cambio, sufrieron una nueva decepción. Al menos para ellos estaba el consuelo de que sabían por qué en EE.UU. se protegía al criminal: los dos Bush eran terroristas, como se demostraba en las guerras emprendidas contra Afganistán e Irak.

En cambio para mucha otra gente en el mundo resultaba inexplicable que George W. librara guerras "antiterroristas", por un lado, y liberara a un terrorista confeso, por el otro.
A casi seis años de esa última detención, tras muchas postergaciones, hubo una parodia de juicio contra el ponebombas. Comenzó en enero pasado en el juzgado de Kathleen Cardone, en la ciudad de El Paso, Texas, y finalizó el 8 de abril, cuando el jurado de doce personas decidió que el acusado era "not guilty", o sea inocente.

Agradecido.

Las mejores crónicas sobre la farsa salieron de la pluma de José Pertierra, abogado que representa a Venezuela en la solicitud de extradición.

Pertierra desnudó los antecedentes de la jueza Cardone, tres veces propuesta por George W. Bush para un cargo que perdía por concurso, así como la falta básica del juicio. Es que se llevó a cabo por once cargos menores -mentir a inmigración, obstruir a la justicia, etc.- y no por el principal de todos: terrorismo. Ni siquiera se lo sentó en el banquillo por el delito de entrar ilegalmente al país sino por un tema secundario como mentir a funcionarios de inmigración.
"Estoy sumamente agradecido con los Estados Unidos de Norteamérica, con la atención, con la justicia que me ha juzgado, con el jurado que encontró la absolución" declaró el reo, feliz, a El Nuevo Herald de Miami.

Por las dudas hubiera otros planteos judiciales, su abogado, Arturo Hernández, exhortó a las autoridades a "desechar todas las investigaciones y posibles casos futuros contra Posada".
A cinco patriotas cubanos que espiaban en Miami a terroristas como aquél, les dieron una pena global de 99 años y dos cadenas perpetuas, y están presos desde hace casi trece años.

Al genocida, en cambio, lo premiaron con la libertad. Así se comprueba que la justicia norteamericana no muda de esencia de clase. Es impiadosa hoy con los cinco cubanos, como lo fue ayer con los obreros de Chicago, los anarquistas Sacco y Vanzetti, los comunistas Rosenberg, el indígena Peltier y el afroamericano Jamal, entre otros tantos casos.
Y es genuflexa con los banqueros del Lehman Brothers, los genocidas en Irak, los terroristas a sueldo de la CIA e incluso los que asesinaron al presidente John F. Kennedy.

Fuente: Diario La Arena


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