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La nueva guerra de la OTAN

PI26/03/11 Libia pasó a ser el cuarto teatro de operaciones militares de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en poco más de una década, como parte de la estrategia bélica y geopolítica de Estados Unidos.

La implantación de la alegada zona de exclusión aérea sobre territorio libio y los primeros bombardeos contra supuestos baluartes de las fuerzas del líder Muammar el Gadafi, coincidieron justo con los aniversarios de la invasión anglo--estadounidense a Iraq (2003) y de los ataques de la OTAN contra la antigua República de Yugoslavia, el 24 de marzo de 1999.

Ninguna de esas acciones fue aprobada por Naciones Unidas y las consecuencias de esas tragedias se miden todavía. La guerra declarada a Afganistán en nombre de la lucha contra el terrorismo internacional lejos de terminar se prolonga, las tropas intervencionistas siguen empantanadas, mientras aumentan a diario las víctimas civiles.

Buena parte del planeta presenció otra vez con horror cómo los halcones de la guerra quieren sacar altos dividendos de las revueltas simultáneas en Oriente Medio y en el norte de Africa en su política de injerencia e intervención en un estado soberano, en desmedro de la diplomacia y del derecho internacional.

La mano dura de la OTAN -con la batuta de Reino Unido y Francia- ha caído justo sobre la economía petrolera más grande de Africa, en un país donde se calcula existen un 3,3-3,5 por ciento de las reservas mundiales de crudo. Es la primera guerra directa de la alianza en África, apuntan los expertos.

La guerra "por el petróleo" como califica el analista canadiense Michel Chossudovsky fue precedida de severas sanciones económicas, un colosal embargo comercial y congelamiento de activos financieros a compañías libias.

Los bancos fueron instruidos por Wall Street y Washington para congelar las transacciones financieras provenientes de Trípoli con el fin de destruir el sistema financiero libio.

Como demostró la operación contra la entonces Yugoslavia ("Fuerza Aliada"), la zona de exclusión se tradujo en una lluvia de bombardeos a objetivos "militares", ataques selectivos con misiles y no solo a los sistemas defensivos del país.

El propio jefe del ejercito británico Nick Harvey dijo a la sazón que no había una clara distinción entre el envío de una fuerza de ocupación a gran escala -que está prohibida en los términos del mandato de Naciones Unidas- y una intervención más limitada.

No pocos observadores creen que Occidente preparó con astucia un manto legal para legitimar sus planes de intervención en Libia, en apenas un mes y no tardará en materializar una ocupación terrestre.

El presidente Barak Obama, de otro lado, trató a todas luces que Estados Unidos no figurara esta vez como el agresor directo, ante el torrente de críticas y la impopularidad de las guerras en Afganistán e Iraq.

Tras bambalinas, Washington y Bruselas han actuado de mutuo acuerdo, pero con la OTAN como actor visible, a semejanza del teatro de operaciones diseñado en 1999 contra la ex Yugoslavia.

El analista Michel Chossudovsky afirma que la "Operación Libia" se inscribe en el diseño belicista del Pentágono: varios teatros de guerras simultáneos, inherentes a la doctrina militar de Estados Unidos y a la amplia batalla por el petróleo, acotó.

La política de Estados Unidos registra una tendencia estable, afirmó recientemente el primer ministro ruso, Vladimir Putin, tras recordar que Washington bombardeó Belgrado durante la presidencia de Bill Clinton, y durante el gobierno de George Bush (padre) y W. Bush (hijo), los objetivos fueron Afganistán e Iraq.

"Ahora llegó el turno de Libia. La están bombardeando bajo el pretexto de defender a la población civil. Los autores de tal acción no tienen lógica ni escrúpulos", sentenció Putin al criticar la ligereza conque Estados Unidos adopta decisiones de emplear la fuerza contra otro estado.

En su artículo "Intervención e Insurrección: intento de golpe de Estado en Libia", Chossudovsky advierte que fuerzas especiales estadounidenses y asesores de la OTAN ya estaban en suelo libio antes de los disturbios en los países árabes vecinos.

Junto a soldados británicos del Special Air Service y agentes de inteligencia disfrazados de diplomáticos, Estados Unidos infiltró en territorio libio a miembros de un comando especial con la misión de desestabilizar al país y establecer bases para futuras operaciones aéreas, según el Centro de Investigaciones Globales.

Periódicos occidentales dieron cuenta desde inicios de marzo del emplazamiento de marines estadounidenses en la isla de Creta y del despliegue por el Mediterráneo del buque anfibio de asalto USS Ponce y el navío Kearsarge, éste último equipado para aterrizaje de aeronaves y helicópteros MH-53E Super Stallion.

Tras estallar las revueltas en esa nación magrebí, el portaaviones USS Enterprise acompañado de los buques de su fuerza de tarea cruzó el Canal de Suez. Estados Unidos mantiene en alerta de combate su base aérea en Aviano, Italia, y tiene a su disposición dos enclaves en Bulgaria y uno en Rumania.

La escalada militar en el mar Mediterráneo por parte de otras naciones miembros de la OTAN encaja sin duda con el despliegue de unidades del Pentágono. Grecia facilitó el uso de las bases en Aktio y Creta. En igual sentido se pronunció a última hora Turquía.

El ataque a Libia bautizado como Amanecer de la Odisea (o "Amanecer Odisea") comenzó el sábado pasado con participación de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá. La OTAN espera sumar también a Bélgica y España. Más de 120 misiles crucero se lanzaron contra las instalaciones de la defensa antiaérea libia.

Se estima por fuentes de ese país que 65 civiles fueron asesinados el primer día de la agresión y 150 personas resultaron heridas.

¿Cuál será el final de esta nueva aventura bélica y cuánto tiempo tomará son algunas de las interrogantes que se plantean ya incluso los aliados, tras la premura con que iniciaron las acciones contra la nación magrebí.

No se descarta un despliegue terrestre sobre territorio libio por las fuerzas de la OTAN como tampoco un prolongado conflicto armado si se tiene en cuenta el número de estados occidentales que aspiran a sumarse a la nueva contienda militar, según alertaron diversas fuentes militares y diplomáticas.

El primer ministro de Reino Unido, David Cameron, hizo amagos por tranquilizar a la opinión pública británica de que Libia "no sería otro Irak".


Fuente: Prensa Latina


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