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Los otros muertos no valen

PI22/03/11 No es nueva la falta de moral de la que hace gala el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En el curso de la historia se han dado ejemplos de este extremo hasta la saciedad y avergüenzan a la humanidad, ni duda cabe. Controlado y chantajeado por las potencias mundiales, principalmente por el imperialismo norteamericano, este Consejo ha avalado acciones armadas sobre la base de informes falsos, presunciones o versiones ajustadas a los intereses de los amos de la guerra.

La imposición de medidas de fuerza (bombardeos), en el caso de Libia, se dio de la manera más cínica y repugnante, ya que el Consejo de Seguridad no leyó ni siquiera el informe que sobre la situación libia se había elaborado y que al final fue echado al basurero ante la premura de desatar la guerra.

En Libia todo indicaba que Gadafi iba recuperando el control del territorio de su país amenazado por grupos separatistas que ya mostraban su propia bandera y su propio gobierno, rompiendo de manera abierta la unidad del territorio libio. Más allá de las críticas o cuestionamientos que pudieran existir contra el régimen de Trípoli, la fragmentación del país sencillamente era inadmisible. El líder libio estaba obligado, como cualquier otro mandatario, a defender la unidad de su territorio.

Está claro que la estrategia de los Estados Unidos y las fuerzas imperialistas en el mundo orientada a socavar la unidad de las naciones no es nueva. Los intereses geoestratégicos han llevado al imperialismo a desatar guerras fratricidas que le abrieron las compuertas para la dominación global. La experiencia de la ex Yugoslavia, con un saldo dramático en vidas humanas, es apenas una muestra de lo que puede desatar el imperio y sus fuerzas mercenarias repartidas por todo el orbe. Las matanzas étnicas en África, alentadas por los comerciantes de armas de las potencias y naturalmente Estados Unidos, es parte del frondoso expediente de sangre que salpica penosamente a las propias Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad. Los misiles se dispararon sobre Libia sin demora. En medio de la fiebre árabe por la liberación y la democracia, el Consejo de Seguridad de la ONU no abrió la boca frente a la acción violenta del régimen de Bahréin contra la población civil que al final fue acallada con tropas invasoras de Arabia Saudita. Dramáticos testimonios sobre lo ocurrido allí sencillamente ni fueron considerados por los gendarmes del planeta, que hoy se han lanzado con toda su tecnología de guerra sobre el pueblo libio.

Sobre los otros muertos que no importan al Consejo de Seguridad, el presidente venezolano, Hugo Chávez, como otros líderes mundiales, ha expresado: “Es lamentable que la ONU se preste para avalar la guerra (…) Pero la mano del imperio se impone. Ellos quieren adueñarse del petróleo de Libia. ¿Cuándo les importó la vida de los pueblos si siguen bombardeando Irak, Afganistán o la Franja de Gaza?... ¿Quién les dio a esos países, a Estados Unidos, a Francia, el derecho de tirarle bombas a otro? Exigimos que cese la agresión contra Libia (...) Si queremos ayudar a un país en un conflicto interno, no es tirándole bombas”, dijo Chávez. Miles de muertos están sembrados por los territorios ocupados de Irak, Afganistán y Gaza, entre otros cementerios del mundo, con el aval del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Una vergüenza ajena que lastima la dignidad de los seres humanos.

Cuando el mundo intentaba salir de su estupor por el drama gigantesco que todavía golpea al Japón tras el terremoto y posterior tsunami del 11 de marzo, se desata una descomunal agresión militar cuyas consecuencias humanas importan muy poco a los gobiernos involucrados en esta nueva aventura, respaldados en una resolución impuesta y sin consenso.

Más allá de las críticas o cuestionamientos que pudieran existir contra el régimen de Trípoli, la fragmentación del país sencillamente era inadmisible. Gadafi está obligado a defender la unidad territorial de Libia.

Fuente: Periódico Cambio (Bolivia)


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