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Ahmet Davutoglu. Primer Minsitro de Turquía: "Tenemos que desarrollar un orden económico basado en la justicia y un orden social basado en el respeto y la dignidad"

PI17/03/11 La ola de revoluciones en el mundo árabe fue espontánea. Pero también tenía que suceder. Eran necesarias para restaurar el flujo natural de la historia. En nuestra región - Asia occidental y el sur del Mediterráneo - hubo dos anomalías en el siglo pasado: en primer lugar, el colonialismo en la década de 1930, 40 y 50 que dividió la región en entidades coloniales, y cortó los vínculos naturales entre los pueblos y comunidades.

Por ejemplo, Siria fue una colonia francesa e Iraq una colonia británica, por lo que los vínculos históricos y económicos entre Damasco y Bagdad se redujeron.

La segunda anomalía fue la guerra fría, que agregó una nueva división: los países que habían vivido juntos durante siglos se convirtieron en enemigos, como Turquía y Siria. Nosotros estábamos en la OTAN, Siria fue pro-soviética. Nuestra frontera no se convirtió en una frontera entre dos estados-nación, pero si en una frontera entre dos bloques. Yemen se dividió de la misma manera.

Pero es hora de naturalizar el flujo de la historia. Veo a todas estas revoluciones como un proceso demorado que debería haber ocurrido en los años 80 y finales de los años 90 como en el este de Europa. Esto no se hizo porque algunos argumentaban que las sociedades árabes no merecian la democracia, y necesitaban regímenes autoritarios para conservar el status quo y poder prevenir el radicalismo islámico. Algunos países y líderes que estaban orgullosos de su propia democracia, insistian en que la democracia en el Medio Oriente pondría en peligro la seguridad en nuestra región.

Ahora estamos diciendo todos juntos: No. Un turco común, un árabe común, un tunecino común pueden cambiar la historia. Creemos que la democracia es buena, y que nuestra gente se lo merece. Se trata de un flujo natural de la historia. Todo el mundo debe respetar esta voluntad del pueblo.

Si no somos capaces de entender que hay una necesidad de volver a conectar las sociedades, comunidades, tribus y etnias de nuestra región, vamos a perder el impulso de la historia. Nuestro futuro es nuestro sentido de destino común.Todos nosotros en la región tenemos un destino común.

Ahora bien, si esta transformación es un flujo natural de la historia, entonces, ¿cómo debemos responder?
En primer lugar, necesitamos un plan de emergencia para salvar las vidas de las personas, para prevenir el desastre.
En segundo lugar, tenemos que normalizar la vida. Y finalmente, tenemos que reconstruir y restaurar los sistemas políticos en nuestra región, tal como nosotros reconstruiríamos nuestras casas después de un tsunami. .

Pero para llevar a cabo la restauración, necesitamos un plan, una visión. Y necesitamos la confianza para hacerlo - la auto-confianza - para decir: esta región es nuestra, y nosotros seremos los reconstructores de la misma. Pero para que todo esto suceda, debemos ser claros acerca de los principios básicos que tenemos que seguir.

"La confianza de las masas"

En primer lugar, tenemos que confiar en las masas de nuestra región, que piden respeto y dignidad. Este es el concepto fundamental hoy en día: la dignidad. Durante décadas hemos sido insultados. Durante décadas hemos sido humillados. Ahora queremos dignidad. Eso es lo que los jóvenes en la Plaza Tahrir demandaron. Después de escucharlos, me hizo mucho más optimista para el futuro. Esa generación es el futuro de Egipto. Ellos saben lo que quieren. Se trata de un nuevo impulso en nuestra región, y debe ser respetada.

El segundo principio es que el cambio y la transformación son una necesidad, no una elección. Si la historia fluye y usted trata de oponerse a ello, usted perderá. Ningún líder, ya sea carismático, puede detener el flujo de la historia. Ahora es el momento para el cambio. Nadie debe aferrarse a la vieja lógica de la guerra fría. Nadie debe argumentar que sólo un régimen particular o persona puede garantizar la estabilidad de un país. La única garantía de estabilidad es el pueblo.

En tercer lugar, este cambio debe ser pacífico - la seguridad y la libertad no son alternativas; necesitamos a ambas.En esta región estamos hartos de las guerras civiles, y la tensión. Todos nosotros tenemos que actuar con prudencia sin generar violencia o guerras civiles entre hermanos y hermanas. Tenemos que hacer posible este cambio con el mismo espíritu de destino común.

En cuarto lugar, necesitamos de la transparencia, la responsabilidad, los derechos humanos y el imperio de la ley, para proteger a nuestras instituciones sociales y estatales. La revolución no significa la destrucción. El caso egipcio es un buen ejemplo: el ejército actuó muy sabiamente para no enfrentar a la gente. Pero si no existe una separación clara entre las funciones militares y civiles de las instituciones políticas, podemos afrontar serios problemas.Estoy impresionado por la decisión del mariscal de campo Tantawi de entregar el poder a la autoridad civil tan pronto como sea posible.

Por último, la integridad territorial de nuestros países y de la región debe ser protegida.
La situación jurídica y la integridad territorial de los estados, incluyendo Libia y Yemen deben ser protegidos. Durante el colonialismo y la guerra fría nosotros tuvimos bastantes divisiones, bastantes separaciones.

Este proceso debe ser guiado por el pueblo de cada país, pero debe haber participación a nivel regional. Esta es nuestra región. Los intelectuales, los formadores de opinión, los políticos de esta región deben reunirse con mayor frecuencia a fin de decidir lo que debe suceder en nuestra región en el futuro. Estaremos vinculados unos con otros en los siglos venideros.
Todo lo que pase en Egipto, en Libia, en Yemen, en Irak o en Líbano, nos afecta a todos. Por lo tanto deberíamos mostrar nuestra solidaridad con la gente de estos países. Debería haber más foros regionales, para los políticos,los líderes, los intelectuales, los medios de comunicación.

Por lo general, el "Medio Oriente" - un término orientalista - es considerado como sinónimo de las tensiones, los conflictos y el subdesarrollo. Sin embargo, nuestra región ha sido el centro de la civilización durante milenios, dando lugar a una fuerte tradición de orden político en el que florecieron entornos multiculturales. Además de este patrimonio de civilización y política, hoy tenemos recursos económicos suficientes como para hacer de nuestra región un centro mundial de la gravedad.

Ahora es el momento para hacer nuevas evaluaciones históricas a fin de transformar a nuestra región en una zona de estabilidad, libertad, prosperidad, de renacimiento cultural y de convivencia. En este nuevo orden regional debería haber menos violencia y menos barreras entre los países, las sociedades y las sectas. Pero debería haber más interdependencia económica, más diálogo político y más interacción cultural.
Hoy en día la búsqueda de un nuevo orden global está en marcha. Después de la crisis financiera internacional, tenemos que desarrollar un orden económico basado en la justicia y un orden social basado en el respeto y la dignidad. Y esta región - nuestra región - puede contribuir a la formación de este nuevo orden emergente: un nuevo orden mundial, político, económico y cultural.

Nuestra responsabilidad es abrir el camino a esta nueva generación, para poder construir una nueva región en la próxima década que sera conformada por la voluntad de su pueblo.

Ahmet Davutoglu es el ministro de Relaciones Exteriores de Turquía.
Este artículo se publicó por primera vez por The Guardian.

Fuente: Al Jazeera


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