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La siniestra agenda de EEUU y sus socios en el Magreb, Irán y Medio Oriente

PI25/02/11 EE UU responde hoy con una agenda siniestra para recuperar los espacios de poder perdidos en el Magreb, promoviendo contrarrevoluciones en Irán y Libia, y mientras se rasga las vestiduras condenando a esos gobiernos que se defienden de su agresión, tolera las masacres de sus lacayos en el Medio Oriente, y pretende que el mundo olvide el genocidio que con sus aliados de la Otan desató en Irak y como ahora lo está haciendo en Afganistán.

Pero eso es imposible, porque hace horas perpetraron otro crimen de lesa humanidad al asesinar a 29 niños, 20 mujeres y 15 hombres en el distrito afgano de Ghazi Abad, en otro bombardeó más de los que a diario lanzan sus aviones contra supuestos blancos de la resistencia, que resultan ser viviendas que albergan a inocentes cuyas muertes a manos de los invasores supera la cifra de 200.000 en los casi diez años de guerra que libra en ese país, mientras que en el conflicto de Irak dejó un millón de muertos.

Sin embargo, esos genocidios nunca han sido condenado por el Consejo de Seguridad de la ONU, que el lunes, en acto de cinismo e hipocresía, condenó la muerte de manifestantes en Libia cuyas autoridades han respondido en legitima defensa a los ataques de manifestantes fuertemente armados, a los que participaron en las pacificas marchas realizadas en Túnez y Egipto, similares a las que hoy se dan Yemen, Jordania,y Bahrein, que fueron masacrados por la policía y el ejército de sus vasallos.

En Túnez, los esbirros de Ben Alí, asesinaron a 219 manifestantes e hirieron a otros 250; en Egipto, las víctimas fatales superaron la cifra de 300 y más de 5.000 los heridos; en Yemen, hasta este miércoles se confirmaba la muerte de 12 personas y en Bahrein, el saldo hasta hoy era de 65 muertos y más de 200 los lesionados por la policía y el ejército, lo que hace un subtotal 596 víctimas fatales y de mas de 5.500 los heridos.

Pero la ONU y la prensa mercenaria no toma en cuenta a esos muertos y heridos, o parece que para ellos no existieran, ya que ni el organismo mundial ni la prensa escrita, televisión y radio pro yanquis, condenan esos crímenes de lesa humanidad, dedicándose exclusivamente a condenar a Libia e Irán por las muertes ocurridas durante las manifestaciones contrarrevolucionarias registradas en ambos países.

Y es que el Consejo de Seguridad de la ONU, los medios pitiyanquis son cómplices sumisos de un imperio carente de moral y ética que recurre al chantaje para comprar conciencias de gobernantes débiles que para asegurar la sobrevivencia de sus regímenes se rinden a la voluntad del poder imperial, al igual que esos empresarios inescrupulosos que a cambio de un puñado de dólares, rinden culto a la mentira y sacrifican la verdad.

Y a medida que se oculta la verdad y se impone la mentira, EE UU y sus socios europeos se frotan las manos, esperando la caída de los gobiernos de Irán y Libia para adueñarse de sus inmensas recursos naturales y hacen negocios macabros sin importarles para nada que esas transacciones están llamada a cobrar las vidas de miles o millones de inocentes.

Lo hace David Cameron, primer ministro británico que ha viajado a Egipto y otras naciones árabes, acompañado de un cortejo de “perros de la guerra”, vendedores de armas, y cuando aún está tibia la sangre de los mártires que cayeron combatiendo a Mubarak y Ben Alí, negocia jugosos contratos de venta de aviones, tanques, misiles cañones, municiones y otros artefactos y sistemas que solo servirán para sembrar más violencia, destrucción y muerte en la región.

Es la lógica de la voracidad del capitalismo salvaje de las grandes potencias, que a lo largo de la historia no solo se han conformado con sojuzgar y explotar pueblos, sino también a promover guerras entre ellos, utilizando el principio maquiavélico de dividir, y recurriendo a seculares diferencias religiosas y étnicas para desatar enfrentamientos que solo benefician a ellos, quienes ponen las armas, y perjudican a los pueblos, que ponen los muertos.

Y en el contexto de esa estrategia Washington y sus socios concentran sus esfuerzos en recuperar las posiciones perdidas en Túnez y Egipto, en evitar que caigan sus vasallos de Jordania, Yemen y Behrein, mientras por otra parte se empeñan en desestabilizar a los gobiernos de Irán y Libia.

En Irán, el objetivo de los manifestantes, en su mayoría miembros de la oligarquía iraní, partidarios de Mir Hossein Mousavi, el derrotado candidato presidencial en los comicios de 2009 y del dirigente reformista Mehdi Karroubi, era desviar el mensaje de apoyo a los procesos de Túnez y Egipto, que usaron al convocar sus marchas y convertirlo en acto desestabilizador provocando disturbios y otras acciones criminales que culminarían derribando al gobierno.

Se trataba del viejo y repetitivo guión conspirativo escrito para Venezuela hace nueve años por la CIA y sus secuaces, cuando el 11de abril de 2002, dirigentes de la oligarquía criolla desviaron de su ruta original a una marcha que culminaría en hechos de violencia, muerte y el secuestro de Hugo Chávez Frías, legítimo presidente país, cuyo pueblo y fuerza armada leal lo restituyeron en el poder en menos de 47 horas.

Hasta ahora los disturbios han dejado como saldo un muerto, abatido por la bala de un francotirador contrarrevolucionario, (como sucedió con las más de una decena de muertos del 11-A) además de varios heridos y detenidos, pero, al igual que las fracasadas manifestaciones organizadas por la “Compañía” hace dos años para protestar contra el legítimo triunfo electoral de Ahmedinejad, la conjura esta condenada al fracaso.

Así lo aseguró el mandatario del país persa, quien criticó enérgicamente la injerencia de EE UU en los asuntos internos de Irán y su descarado apoyo a los contrarrevolucionarios, diciendo que “los enemigos que organizaron las manifestaciones en Teherán, no podrán conseguir sus objetivos.” Y no lo consiguieron, aun que no existe la menor duda de que lo seguirán intentando.

Porque el gobierno de la República Islámica de Irán, a diferencia de lo que fue el de Egipto, un vasallo de Washington, es un régimen surgido del alma y corazón del pueblo que lo respalda en su inmensa mayoría, donde millones de jóvenes, hombres y mujeres están armados y adiestrados para defender, de la mano de sus líderes y su poderosa fuerza armada, a la revolución que con Komeini al frente, derrocó al sanguinario Sha Reza Pavlevi.

Y, como para armonizar aún más esa similitud de objetivos y principios que orientan a los procesos libertarios de Irán y Egipto, se dio la feliz coincidencia de que ambas revoluciones conquistaran la victoria un 11 de febrero, la del país persa, hace 32 años, en 1979, y la del país de los faraones, el pasado viernes 11.

Eso no lo entiende Barack Obama, el Premio Nobel de la Paz que hace la guerra, el mandatario yanqui que al asumir el cargo frustró las esperanzas de una humanidad hastiada de tantas guerras, diciendo que “el mundo ha cambiado y nosotros debemos cambiar también” y lo que hizo fue atizar las llamas del conflicto en Afganistán, y hoy pretende desatar una espiral de muerte en Irán, amenazando con invadirlo y estimulando a la contrarrevolución.

Porque, no solo trata de impedir junto sus socios de la Unión Europea y el Estado sionista de Israel su gendarme en el Medio Oriente, (que sí posee armas nucleares) que el país persa desarrolle su pacífico programa de energía nuclear amenazándolo con una guerra, sino también promoviendo su desestabilización a través de un descarado e intervencionista discurso de apoyo a los contrarrevolucionarios, “viudas” del tiránico régimen del Sha.

En un insulto a la dignidad del pueblo iraní e irrespeto a un Estado soberano, Obama expresó hace una semana su irrestricto apoyo a las violentas revueltas protagonizadas por los contrarrevolucionarios en Teherán, diciendo que “es mi deseo de que los iraníes “tengan la valentía” de expresarse como lo hicieron los egipcios durante 18 días para apartar de poder a Hosni Mubarak.”

En un alarde de cinismo, el mandatario dijo además que “resulta irónico, que mientras el régimen iraní aplaude las manifestaciones en Egipto, encarcele y golpee a quienes tratan de expresarse libremente”, y para rematar su declaración, dijo que “hemos enviado a nuestros aliados en la región un mensaje fuerte para que contemplen el ejemplo egipcio, opuesto al de Irán, y que el pueblo debe unirse para aplicar su fuerza moral a una situación.”

Sus palabras, no parecen provenir de un académico egresado de Columbia y Harvard, donde se graduó con magna cum laude, sino de un ignorante desconocedor de hechos trascendentales de la historia contemporánea, como la Revolución de los Ayatolás, la que, a 32 años de su triunfo en Irán, desató los vientos libertarios que azotaron a Túnez, a Egipto y cuyas ráfagas avanzan incontenibles hacia otros feudos del Imperio que aún quedan por liberar.

Eso demuestra, que Obama, o es un mentiroso y cínico, o un ignorante de la historia, que no sabe que el ejemplo de libertad lo dio Irán a Egipto, y de ninguna manera es opuesto al que siguió el país de los faraones, ya que como el del país persa, el pueblo egipcio conquistó su libertad, y es el imperio yanqui el que ahora pretende secuestrarla aplicando en ambas naciones la fuerza del obsceno y maquiavélico poder inmoral de la conspiración.

En el mejor de los casos, las palabras de Obama, podrían atribuirse a la preocupación que significa para el Imperio el haber perdido con Egipto, su más poderoso aliado en el Magreb y el Medio Oriente, después del Estado sionista de Israel, lo cual deja las puertas abiertas al avance de un proceso libertario que amenaza con poner fin a su dominio en esas vitales zonas geoestratégicas, claves para la preservación de sus planes de conquista mundial.

Ahora, para confundir al pueblo egipcio el mandatario yanqui se ha vestido del ropaje generoso de benefactor de un mecenas al mejor estilo de los Medici, anunciando que contribuirá económicamente al proceso de transición pacífica del país con un aporte de 150 millones de dólares. Sería interesante preguntarle a Obama: ¿Por qué no contribuye con los mismos 2.000 millones que todos los años entregaba a Mubarak para armar al ejército con el fin de reprimir a ese pueblo"

Y mientras continúan las protesta en Bahréin, Yemen, Jordania y Marruecos, por la otra, Washington y sus aliados continúan apoyando abiertamente las manifestaciones en Irán y Libia, cuyos líderes y pueblos se niegan a volver a ser vasallos de los imperios que durante décadas los sojuzgaron y explotaron sus riquezas e impusieron gobernantes sanguinarios como el Sha y el rey Idris.

Porque, para nadie es un secreto, que el imperio yanqui y sus aliados europeos, trata salvar a esos enclaves geoestratégicos como lo son Egipto, Bahrein, Yemen, Marruecos y Jordania, mientras simultáneamente conspiran para adueñarse de los inmensos recursos de gas y petróleo de Irán y Libia para recuperar sus deterioradas economías y saciar la insaciable sed de su maquinaria bélica.

De allí que, mientras los pueblos de Bahrein, Yemen y Jordania combaten para alcanzar su libertad secuestrada por tiranos, y el egipcio lucha para impedir que EE UU y europeos le arrebaten el triunfo conquistado, en Irán y Libia sus líderes libran una batalla en la que la dignidad y soberanía enfrentan la amenaza de ese imperio y sus secuaces que pretenden retrotraer a sus pueblos a épocas de servilismo y humillación ha tiempo superadas.


Fuente: AVN


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