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Revolución Islámica de Irán, pionera de la lucha contra el terrorismo

PI14/02/11 Desde el principio de su fundación en 1979, el sistema de la República Islámica de Irán siempre ha estado expuesto a las conspiraciones del sistema hegemónico encabezado por Estados Unidos.

Antes del triunfo de la Revolución Islámica, Irán y Arabia Saudita eran considerados los dos pilares de la estrategia de Estados Unidos en Oriente Medio y el Golfo Pérsico.

La Revolución Islámica, puso fin, de una vez por todas, a la dominación de la monarquía en Irán y, como resultado de ello, EEUU perdió a un principal aliado y a uno de los dos pilares de su política en la región. Obviamente, los políticos estadounidenses, pese a sus afirmaciones en apoyo de la libertad y de la democracia, no podían tener unas relaciones normales con un gobierno revolucionario que había acabado con el dominio de la Casa Blanca sobre Irán.

Estados Unidos no sólo perdió al régimen monárquico al que apoyaba en Irán, sino que se vio enfrentado a un sistema de gobierno cuyo lema estratégico era “independencia, libertad y república islámica". Para EEUU era doloroso que la República Islámica deseara la libertad no sólo para el pueblo musulmán de Irán, sino para todas las naciones bajo opresión, especialmente en la geografía del mundo islámico.

Estados Unidos, sus aliados europeos y los gobiernos reaccionarios de Oriente Medio y del Golfo Pérsico temieron del “terremoto político” en Irán al que la Casa Blanca calificaba como la "isla de estabilidad".
Ellos se atemorizaban que el mensaje islámico y revolucionario de la nación iraní se extendiera en la región. Una guerra militar total, un terrorismo a gran escala, un bloqueo económico y una invasión política y propagandística sin tregua contra el sistema en brote de la República Islámica de Irán, pusieron en evidencia el temor del sistema hegemónico y de la reacción de la zona, a la configuración de un movimiento islámico entre las naciones musulmanas de Oriente Medio y del Golfo Pérsico.

Por las razones ya citadas, la República Islámica de Irán fue el blanco de la guerra y del terrorismo de los grupúsculos contrarrevolucionarios y, con el paso del tiempo y gracias al dinamismo de la Revolución Islámica, se convirtió en pionera de la lucha contra el terrorismo en todas sus formas.

La aparición de grupúsculos antirrevolucionarios en las provincias de Kurdistán y Juzestán de Irán y en el noreste del país e incluso en la capital, Teherán, no fue un hecho accidental.

En los primeros días del triunfo de la Revolución Islámica y en vísperas del nacimiento la República Islámica, los grupos contrarrevolucionarios se levantaron en armas contra la revolución del pueblo iraní en todas las partes del territorio nacional.

El objetivo de los enemigos de la Revolución Islámica de incitar a dichos grupúsculos en contra de la República Islámica era, antes que nada, derrocar al nuevo sistema islámico, y de no lograrse ese objetivo, dividir al país y minar a la Revolución Islámica. Pero, el pueblo iraní, con la misma determinación con la que causó la victoria de la Revolución Islámica, también se alzó en contra estos pequeños grupos armados contrarrevolucionarios y restableció la calma en su país. Menos de un año después del inicio de la lucha del pueblo contra elementos armados antirrevolucionarios, aparecieron los signos de la decadencia de esos grupos, y el sistema hegemónico al encontrar ineficaz el terrorismo, desató una guerra militar contra Irán en paralelo al terror.


La invasión militar del ejército régimen de Saddam Hussein a Irán el 22 de septiembre 1980, envalentonó más a los grupúsculos contrarrevolucionarios animándolos a intensificar sus operaciones terroristas contra la nación y el sistema de la República Islámica.

En Teherán, los líderes del grupo terrorista “Monafeqin” o “hipócritas” que se consideraban a sí mismos “combatientes del pueblo”, prepararon operaciones terroristas más amplias contra los funcionarios de la República Islámica y el pueblo. La presencia de fuerzas del Ejército, de la Guardia de la Revolución Islámica, y de los Basyíes (fuerza voluntaria) en los frentes de la guerra en el sur y noroeste del país para combatir a las tropas de Saddam, ilusionó al máximo responsable de dicho grupúsculo con la ilusoria idea que ya había llegado el momento de la lucha armada para derrocar al sistema de la República Islámica.

Los “hipócritas” iniciaron dicha lucha armada el 20 de junio de 1981 desatando una ola de atentados con bomba y asesinatos de funcionarios políticos, figuras religiosas y población civil, incluidos el Presidente, el Primer Ministro, el Jefe del Poder Judicial y decenas de parlamentarios y ministros.



Los ataques del grupúsculo de los “hipócritas”, nueve meses después de la invasión del régimen baasista de Irak, demostraron que los apoyos del régimen de Saddam, especialmente Estados Unidos y algunos países europeos, también respaldaban al citado grupo terrorista. Prueba de ello fue la fuga de los dirigentes de grupo a Irak y Europa.

Lo que nunca se borrará de la memoria histórica de la nación iraní, es la desatención de los propugnadores del combate contra el terrorismo y de la defensa de los derechos humanos, hacia las víctimas que el terrorismo de los “hipócritas”, inspirado en Occidente, que afectó a autoridades y gente civiles en Irán.

Estados Unidos, países europeos y la mayoría de los países de Oriente Medio y del Golfo Pérsico, se negaron a condenar incluso de manera verbal las acciones terroristas del grupúsculo de los “hipócritas” en Irán.

De hecho, la política de doble rasero de Occidente ante el terrorismo y los derechos humanos, se inició desde los primeros años del triunfo de la Revolución Islámica.

En el trigésimo-segundo aniversario de la victoria la Revolución y con los ojos puestos en un futuro brillante y esperanzador, la República Islámica ha neutralizado los complots terroristas de los elementos contrarrevolucionarios respaldados por Occidente y desbaratado las amenazas políticas y sanciones económicas.

Pero Oriente Medio y el Golfo Pérsico, enfrenta la extensión sin precedentes del terrorismo tras la ocupación de Afganistán e Irak por parte de tropas extranjeras lideradas por Estados Unidos.

Estados Unidos y sus aliados europeos afirman que continúan su presencia militar en Irak y Afganistán con el fin de combatir el terrorismo. Pero la verdad es que las fuerzas de ocupación promueven el terrorismo en la región, ya que si la seguridad se impone en la zona, no habrá ninguna justificación para la presencia militar de los extranjeros. La República Islámica de Irán, como pionera en la lucha contra el terrorismo, sostiene que los países de la región son capaces de combatir contra el terrorismo y hacer prevalecer una paz duradera en la zona sin la intervención de los extranjeros.

Fuente: Irib

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