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La caída de Mubarak: una victoria democrática y mucho mas

PI14/02/11 La caída de Mubarak constituye una gran victoria del pueblo egipcio y también de todos los pueblos del mundo que luchan contra la opresión política y económica. También es una gran derrota para los intereses globales norteamericanos, al poner en jaque su dispositivo estratégico en una zona que hasta ayer nomás consideraba bajo su control.

Además en Medio Oriente la insurgencia árabe en pleno desarrollo, sacude la soberbia israelí, pieza clave en su dispositivo regional y fortalece la lucha de todos los pueblos árabes que, así como en Túnez, parecieran encaminarse en la misma dirección. Particularmente es un aliento a la causa palestina.

Es indubitable el carácter democrático de la revolución egipcia, que da paso a la política como patrimonio de las mayorías populares. Pero a no engañarse, ya que no es sólo la democracia, como quieren hacer creer algunos malinteresados, lo que está en cuestión. La amplitud del movimiento huelguístico de la clase trabajadora y la lucha de los jóvenes contra la desocupación manifiestan el fuerte tono antineoliberal del levantamiento, señalando la sujeción a los dictados del Fondo Monetario Internacional y a la economía global en crisis conducida por las grandes potencias, como la causante de su infortunio y su pobreza.

Sin dudas el malestar insoportable que condujo al pueblo a sostener de manera persistente y a costa de sangre, su decisión de expulsar al dictador fue agudizado por la insolente corrupción que puso de relieve las desigualdades sociales. Pero hay un nudo esencial que ata todas estas cuestiones y es la capitulación de la dirigencia egipcia. Porque han traficado con la causa árabe, facilitando la estrategia de yankys e israelíes en la región, al ejercer engañosamente la llamada política de “moderación”, a cambio de grandes negocios que han echado por la borda el nacionalismo tercermundista del nasserismo. La corrupción es entonces un modo de pago por los servicios al hegemonismo norteamericano y la represión un método inevitable para acallar la protesta y garantizar la sumisión. Y ya lo sabemos por experiencia propia, el neoliberalismo no es otra cosa que el actual modelo norteamericano en bancarrota.

Cuando hablamos de la dirigencia egipcia está claro que esta fue encabezada por Mubarak pero de ella también son parte Omar Suleimán y los principales cuadros del ejército. Hoy es el Ministro de Defensa de Mubarak quién encabeza la sospechada transición. Y si bien desde el principio se pudo observar que las Fuerzas Armadas no iban a acompañar hasta el final la tozudez de Hosni Mubarak, tampoco lo haría el sector norteamericano que responde a Obama. Pero los 18 días de lucha no quebraron a la conducción de las FFAA, lo que hubiera hecho más creíble el surgimiento de alternativas en su seno.

Es en estas condiciones y sin una conducción unificada de los auténticos luchadores, en que un auténtico demócrata, pero no más que un demócrata, como Baradei encuentra su oportunidad.

De todas maneras no es poco lo que se ha ganado y con seguridad los luchadores, bajo nuevas formas y condiciones, encontrarán el camino para lograr sus objetivos.

Para nosotros, latinoamericanos, no es poco lo que está en juego en aquella zona aparentemente tan lejana. El paso de el hegemonismo unipolar norteamericano a la multipolaridad estuvo sostenido principalmente por el BRIC (Brasil, Rusia, India y China), América Latina y algunos pocos países más, como Irán o recientemente Turquía. Esta situación en Egipto, Túnez y muy presumiblemente en otros países de la región, implican, más que una suma aritmética, un probable salto en calidad en la correlación de fuerzas a escala internacional.

*Coordinador de la Comisión de Asuntos Internacionales de Carta Abierta

Fuente: Telam


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