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Lenín Brades - Egipto está en la órbita de los intereses de EEUU e Israel

PI11/02/11 "Como diría el escritor Sonallah Ibrahim, la era Mubarak es la era del consumismo exacerbado, de la pérdida de identidad y de los valores tradicionales, de la miseria sexual, de la degradación de la condición femenina, de la pobreza, de la podredumbre de los cuerpos e instituciones, de la errancia del discurso islamista…”

Lenín Bandres- Embajador de Venezuela en los Emiratos Árabes

Cuando Obama dio su discurso al mundo musulmán en la Universidad de Al-Azhar en el Cairo el 4 de junio de 2009, la elección de Egipto como lugar de alocución estuvo revestida de gran valor político y simbólico, pues lejos de ser la nación vanguardia del nacionalismo y panarabismo heredera de los ideales de Nasser, Egipto ha sido desde hace más de cuatro décadas el pivote estratégico de neutralización del mundo árabe, el cual resultó de la política iniciada por Henry Kissinger y culminada por Jimmy Carter, para alinear a Egipto en la órbita de los intereses de Estados Unidos e Israel en la región.

El giro estratégico operado por Al Sadat a finales de los años 1970 fue continuado y profundizado por Hosni Mubarak, quien le sucedió luego que lo asesinaran en 1981. Mubarak, quien con treinta años en el poder no le han bastado para espolear la dignidad y riqueza del pueblo egipcio, ha sido recientemente el foco de atención de las protestas que desde hace una semana se protagonizan en este país.

El período que cubre estos treinta años es uno de los más oscuros y deplorables de toda la historia de Egipto desde la caída del Imperio Otomano. Con Mubarak no sólo se abandonó por completo el nacionalismo árabe que caracterizó Egipto durante la era Nasser, sino también se abandona definitivamente los preceptos del “socialismo árabe” y se adopta unilateral y acríticamente el modelo de apertura económica (Infitah) sugerido por las organizaciones financieras internacionales. La era Mubarak representó la era del endeudamiento masivo (30 mil millones de dólares en 2009), del declive de la producción agrícola e industrial, de la pauperización de la sociedad que durante los últimos treinta años ha sufrido una explosión demográfica sin precedentes (83 millones de habitantes).

También la era de los oligopolios, la corrupción generalizada, la represión brutal por parte de los órganos de seguridad del Estado y finalmente de la acumulación de frustraciones sociales de todo tipo.

En resumen, y como diría el escritor Sonallah Ibrahim, la era Mubarak es la era del “consumismo exacerbado, de la pérdida de identidad y de los valores tradicionales, de la miseria sexual, de la degradación de la condición femenina, de la pobreza, de la podredumbre de los cuerpos e instituciones, de la errancia del discurso islamista…”

Agentes americanos

Esta visión de las cosas coincide con la declaración de una aeromoza que, participando en la “marcha del Millón”, la cual tuvo lugar en el Cairo, decía a un periodista del Financial Times, “¿Tú sabes por qué Mubarak debería irse? Porque él encarna la era de la corrupción, de los ferris enterrando miles de personas, de los trenes destrozados y de la brutalidad policial contra la gente. Esta es la era en la que los egipcios nos convertimos en agentes americanos e israelíes”.

“Agentes americanos e israelíes”, ésta es la triste realidad de la posición que Egipto ha desempeñado desde hace más de cuarenta años. Desde la firma de los acuerdos de Camp David, Egipto pasó de ser un actor clave en la defensa de la causa árabe a ser un agente militar pro israelí, lo cual significó no sólo el reconocimiento de Israel, sino también su neutralización y pasividad ante los principales eventos acaecidos en el Medio Oriente desde hace cuatro décadas, como la guerra en el Líbano, las dos guerras de Irak, las dos intifadas, los bombardeos e invasiones constantes por parte de Israel a los territorios palestinos, libanés, sirios y jordanos.

Ésta es la razón por la cual, hace dos días, el primer ministro de Israel hizo un llamado a la comunidad internacional para que apoyaran el gobierno de Mubarak, justo después de que EEUU y Europa, ya desilusionados de la permanencia de Mubarak en el poder, pidieron una “transición ordenada”.

Mas allá del cinismo e hipocresía de las potencias occidentales, las revueltas de Túnez extendidas a Egipto y a buena parte del mundo árabe han revertido la tendencia letárgica en la que estaban sumidos estos pueblos. La demanda de una “transición ordenada” no es más que el signo del terror pequeño burgués que sienten Estados Unidos y Europa al ver las masas enardecidas y sublevadas contra los regímenes despóticos que hasta ayer fueron sus mejores clientes.

De manera que lo que se busca concretamente es que, de darse una transición, ésta se encuentre completamente ordenada a los intereses y privilegios de Estados Unidos y Europa en el Medio Oriente. A saber, mantener el status quo y el orden geopolítico regional.

Sin embargo, y tomando en cuenta la rápida propagación del espíritu insurreccional nacido en el norte del continente africano y que hoy se extiende hasta el Golfo Persico, el carácter de esta revuelta es del orden del entusiasmo revolucionario.

El entusiasmo como lo entendía Kant. Es decir, como signo de la historia, como entusiasmo por una idea. Kant describió los hechos de la revolución francesa como un signo de la historia de Europa apuntalada por la idea de progreso.

Fuente: YVKE mundial Radio

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