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La crisis en Líbano es seguida de cerca en América Latina

PI15/01/11 En Venezuela y otros países de Suramérica, con importante presencia de inmigrantes libaneses, se discute en esas comunidades la formación de un gobierno de coalición en su país natal.

Son conocidos como grandes emigrantes "desde los fenicios". Y aún regados por todas partes del mundo, los libaneses conservan un "lazo mágico" con su tierra de origen. Por eso, ahora cuando Beirut enfrenta una nueva crisis de gobierno, no pueden sustraerse de un drama político que tiene lugar a miles de kilómetros de distancia.

Quien así lo expresa es el empresario venezolano-libanés Michel Asaf. Lo hace en un perfecto castellano, sin acento, a pesar de que ha vivido una mitad de su vida en un lado, y la otra en Latinoamérica. Como uno de miles que tocaron la puerta de países como Colombia, Argentina o Paraguay, y lograron sustraerse de la difícil realidad de la guerra.

Llegó a Caracas en 1990, teniendo 19 años, cuando "uno tenía que buscar otros horizontes", según le contó a BBC Mundo. Después lograría convencer a sus padres, ya mayores, de dejar casa, terreno y negocio para empezar de nuevo en un continente lejano y una cultura ajena.

"Fue una decisión muy difícil. Pero era una guerra muy confusa, no podía tener una visión muy futurista de lo que iba a pasar. En cualquier país bajo esas circunstancias no puedes invertir, no puedes comprar, tienes una vida muy robótica. Uno prefiere cambiar. Aunque siempre vivimos aquí con el deseo de volver", dice.

Inestabilidad

Pero ocurre que la inestabilidad ha vuelto al escenario político libanés, después de que 11 ministros allegados al movimiento radical islámico (con estatus legal y político)

Hizbolá renunciaran al gobierno y forzaran su disolución.

La formación de una nueva coalición no parece tarea fácil, pues no han cambiado las circunstancias que generaron la crisis en primer lugar. Hizbolá teme que un tribunal internacional que investiga la muerte, en 2005, del entonces primer ministro Rafik Hariri determine la participación de algunos de sus dirigentes en el magnicidio.

El tribunal goza del apoyo de Saad Hariri, su hijo, y primer ministro libanés, en el "ojo del huracán". El partido, que también representa la fuerza militar más importante del país, le había pedido suspender la cooperación del Ejecutivo en el caso, por considerar que el tribunal obedece a Israel y utiliza testimonios falsos. Pero Hariri no accedió.

Michel Asaf lo ve todo como eventos que se producen dentro de las reglas del juego político, la legalidad y la democracia. "Uno en Medio Oriente se va familiarizando con que los problemas se resuelven a punta de golpes, pero ahora se siente que es lo que menos quieren los dirigentes políticos de Líbano", opina.

No obstante, señalan analistas, no está claro si Hariri -el político sunita más influyente de Líbano- podrá mantenerse en el cargo. La posibilidad de una escalada en el conflicto es un elemento difícil de borrar de cualquier ecuación que involucre a un país tan complejo como Líbano.

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Con todo, en Venezuela, Asaf no ve razones de peso para modificar sus planes, que incluyen el retorno de sus padres a su tierra.

"No quiero decir que el país pasó a ser Suiza, y todo en orden. El Líbano es una coexistencia humana delicada. Es una convivencia, una diversidad de pensar, de religiones, una nación multicolor. Por lo tanto, cualquier coaliación es un trabajo difícil. Sin embargo, es la razón de existir de Líbano", señala.

En su opinión, los líderes políticos "ya están claros en que los golpes no llevan a nada". No obstante, no descarta la posibilidad de que "entren terceros al juego" y compliquen el panorama.

Son cosas que Asaf discute con otros miembros de la comunidad libanesa, que en Venezuela suma unas 150.000 personas, y que, dicen, leen periódicos libaneses, consultan revistas libanesas y están conectados a la televisión libanesa. Pero que no pueden evitar un cierto grado de "criollización" que viene con los exilios largos.

"Hablamos en la Caracas abierta, la Caracas tolerante, que da terreno para ideologías de corrientes políticas opuestas. Terminas tomándote un café, y luego cada uno a su labor. Cuando esa misma discusión puede suceder en el Líbano y terminar a puños.

Es como estar contagiados por el espíritu del Caracas-Magallanes", dice, en alusión al clima de sorna y buen humor que caracteriza el enfrentamiento entre fánaticos de los grandes equipos rivales del beisbol venezolano, el deporte nacional por excelencia.

Por eso admite que su visión puede ser un poco "optimista" o "pacifista". Ventajas de la distancia.

Fuente: el-nacional.com

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