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Un nuevo casino en Damasco revuelve las conciencias musulmanas

PI02/01/11 Los sirios ya no necesitan ir al Líbano o a otros países vecinos para jugar con la suerte gracias a un casino abierto recientemente a las afueras de Damasco, una ciudad musulmana en la que muchos consideran estas prácticas como un acto vergonzoso.

Centenares de jugadores, la mayoría de ellos sirios, llegan a diario a un elegante edificio nuevo de mármol, el Ocean Casino, que se alza como una fortaleza en la autopista que conecta Damasco con el aeropuerto internacional de esta capital.

El señuelo de las tragaperras es poderoso, especialmente ahora que asistir a los casinos del Líbano o Chipre, hasta hace poco destinos populares para los sirios, se ha vuelto algo costoso.

Mientras el casino está repleto de jugadores, decenas más tienen que esperar su turno, en estos fríos días de invierno, algunos de ellos quejándose de las nuevas reglas: traje y corbata para entrar, y un pasaporte que demuestre que el portador es un hombre de negocios.

"Esto no es justo. Desde que el casino fue abierto, hace tres días, he perdido 5.000 dólares, y ahora me dicen que no me dejan entrar", dice Mohamed, con unos 40 años y quien se identifica sólo con ese nombre.

Cerca de él, un ciudadano jordano grita porque desconoce por qué se le impide entrar, mientras que otro iraquí aprovecha la confusión y se cuela.

Se trata del primer proyecto de este tipo, con fines benéficos, que recibe la luz verde de las autoridades sirias desde los años setenta.

Funciona en un edificio sin ventanas, al estilo de Las Vegas, similar a cualquier casa de juegos en otras ciudades no musulmanas.

Permanece abierto siete días a la semana durante doce horas, a partir de las 16.00.

No hubo anuncios oficiales anticipando la apertura del casino. Ni siquiera se permite el acceso a los periodistas, aunque Efe logró entrar utilizando un canal diferente al regular.

El adiestramiento del personal, a cargo de instructores libaneses, fue hecho de una forma muy discreta durante los tres últimos meses.

Crupieres, cajeros y guardias de seguridad han ido aprendiendo su oficio detrás de los muros de cemento de este gran edificio, unos 25 kilómetros al sur de la capital.

El dueño del casino, Jaled Hubati, también propietario de un hotel próximo, el Hotel Internacional de Damasco, se muestra esquivo con la prensa.

Algunos hombres de negocios sirios consideran este casino como un importante indicador que puede atraer muchos turistas árabes ricos de los países del golfo Pérsico.

"Para atraer turistas, llevarlos al viejo Damasco no es suficiente. Tienes que darles otras atracciones", dice uno de los clientes del casino que no quiso identificarse.

Aunque Siria está gobernado desde 1963 por el partido Baaz, secular, el país es de mayoría musulmana, con fieles islámicos de todos los cultos, desde los wahabíes hasta los sufíes, y desde los chiíes hasta los suníes.

El Gobierno, que viene manteniendo bajo control a los movimientos islámicos, ha decidido prohibir en las universidades del país el niqab, el velo negro que solo deja los ojos al descubierto.

También ha despedido a 1.200 profesoras que se cubrían con un burka, o las ha trasladado a oficinas del Gobierno en las que no están en contacto con estudiantes.

Aún así, muchos musulmanes consideran que el juego es "haram" (pecado), y piensan que esa costumbre puede conducir a la pérdida de las tradiciones sociales del país.

"Este casino está en contra de nuestra moral y desafía los edictos del islam", dice un taxista de Damasco. "Los juegos de azar son obras del diablo", agrega. EFE

Fuente: abc.es

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